miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ir solo a un recital (A mi hermano)


Sábado
            Recital
                        Muchedumbre


Largas esperas
                        Bandas soportes
                                                  Malas
                                                            Malas

Extraño
             Te extraño
                              Mucho


Recuerdo
               Primer recital juntos
                                                Diez años atrás.

Espero
          Fumo
                   Nostalgias
                                    Cumplo 28 años
                                                              Pronto

                                                                        Pronto

Necesidades Básicas

Necesidades Básicas


¡Te odio!
Quiero expulsarte de mi panteón
¡Te extraño tanto!
Como un galeote extraña su cadena,
Como un condenado a muerte extraña su celda,
Como un topo extraña la luz.

Fuimos fuego y mentira;
Pero en el fondo de estas cenizas
Te necesito aun:
Porque eras mi puñal cuando estaba desarmado,
Porque eras mis muletas cuando no podía caminar.

Estoy solo,
Y te deseo lo peor.
Quiero que sepas lo que es estar perdida ante el destino:
Sin saber de dónde vienen los tiros,
O hacia dónde sopla el viento

Quiero olvidarte:
Que seas una zapatilla vieja
En mi mesa de luz;
Usar tus cartas para encender cigarrillos.

Como un adicto que ama y odia a su perdición
Me aplico inyecciones de recuerdos
Para olvidarte.
Me emborracho, me medico, fumo.
Sos mi vicio y mi caída.

No puedo olvidarte,
Porque hacerlo sería dejar una parte de mí;
Pero tampoco puedo amarte,
Porque no te tengo.

Paraíso perdido, Infierno de cada día:
¡Hasta siempre!

Con todo mi rencor


Juan Martín Vidal

24/11/2014
4:25 A.M.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Fal

Crack, crack, crack. Moliendo café. ¡79 y la puta que te parió! A mí me entrenaron para otra cosa.
Esa mañana se celebraba un desayuno de los altos mandos militares. Yo trabajaba en limpieza. Esponja en mano, trataba de sacar las manchas del mantel de plástico de la mesa del comando en jefe del ejército.
Poco a poco, iban cayendo los representantes fundamentales: la crème de la créme.
Limpiábamos como máquinas: primero la mesa, después el suelo, más tarde las ventanas.
Eran las 8:00 A.M. El desayuno estaba previsto para las 10:00 A.M.
Por la ventana se podían mirar la reserva ecológica. Observé como un relámpago sacudía todo el espacio aéreo.
Yo había hecho amistad con Gómez, el otro cadete que se encargaba conmigo de la limpieza del gran salón. Gómez era tartamudo. Éramos dos para una tarea de quince hombres.
El cable de la pulidora se me atravesó entre las piernas, y tuve que hacer un esfuerzo grande para deshacerme de él. Definitivamente, no estaba hecho para este trabajo.
A las 9:00 A.M. llegaron dos tenientes coroneles, uno alto y rubio y otro gordo y morocho. El alto gritó:
-¡Soldado Ordoñez, soldado Gómez preséntense en la explanada!
Salimos a la explanada, nuestras ropas de limpieza se mojaron.
El teniente alto, nos ordenó que subiésemos a un falcon.
El suelo del coche estaba repleto de armas. Había pistolas automáticas, ametralladoras, un fusil fal; y un sinfín de cargadores y municiones.
El oficial gordo tomó el volante. Salimos arando. En la puerta del comando en jefe, los tenientes amartillaron sus pistolas.
Yo miré a Gómez, se notaba en su rostro que estaba asustado.
Avanzábamos a toda velocidad, quemando cubiertas.
-¿Cuál es nuestra misión, teniente? –le pregunté al oficial alto.
- Ya la sabrán en el momento adecuado. Guarden silencio por ahora.
Llegamos a las Barrancas de Belgrano. El coche se detuvo frente a un departamento enorme. El teniente apagó el motor y ambos oficiales se bajaron del auto.
-Tomen un arma cada uno, y no se olviden de llevar municiones- dijo el teniente alto.
Yo no entendía mucho, pero estaba, extrañamente, tranquilo.
Pasé revista a las armas: lo que mejor manejaba era el fusil fal, así que lo tomé.
-Carguen sus armas.
Gómez temblaba. Él había elegido una ametralladora y una pistola automática.
-Su misión es simple: tienen que subir al décimo piso y entrar en el departamento B. Allí encontrarán cuatro hombres, probablemente armados. Tienen que decirles que les traen correspondencia del comando en jefe. Se les ordena aniquilar a esos traidores y volver aquí. Eso es todo.
- ¿Quiequiénes soson eso hohombres? -preguntó Gómez.
- Son traidores de la patria y de nuestra causa. Eso es lo único que necesitan saber ¡Vamos, suban de una vez, carajo!
Salimos a pique, subimos los diez pisos y llegamos a la puerta del departamento B.
Gómez me dijo:
-         Tetengo mimiedo. Volvvolvamos al cococcomando en jejefe.
-         -Son traidores a la patria ¿No escuchaste? Además, esto es más divertido que estar limpiando el salón para los altos mandos.
-         ¿Mamás didivertido? Ees pepepeligroso y cricriminal.
-         -Desde que me alistaron en el ejército quise saber qué se siente matar a un hombre. ¡Acá tenemos cuatro para despacharnos!
-         ¡Esestás loloco! Yo no enentro.
-         ¡Cagón!
Gómez se retiró al rellano de la escalera. Yo toqué el timbre del departamento.
-¿Quién carajo es? –preguntó una voz grave
-Soy un enviado del comando en jefe del ejército, vengo a traerles correspondencia.
El hombre se asomó en mangas de camisa
-¿Cuál es su nombre?
Le vacié medio cargador de 20 rondas en el pecho y lo tomé como escudo humano. Luego, se escucharon muchas detonaciones: la mayoría dieron en el cuerpo inerte del escudo, pero un tiro me dio en el cuádriceps y otro en al abdomen.
Me llené de furia. Largué el cuerpo inerte del tipo que abrió la puerta y afronté al nuevo tirador. Vacié la otra mitad del cargador en su cuerpo.
Me apresuré a cargar el fal. En ese momento, los otros dos hombres tomaron sus armas de la mesa que servía de comedor.
Por suerte, tuvieron mala puntería: los tiros zumbaban cerca de mis oídos. pero una bala me cercenó parte de la oreja izquierda.
Mi sed de sangre estaba en fulgor.
Con el fal ya cargado, apunté a el más bajo de los dos hombres: le metí cinco tiros y me dirigí al último hombre. Este se arrodilló y me dijo:
-¡Perdoname la vida: tengo dinero, contactos, no te hice nada malo: tené piedad!
Le clavé una bala en la sien.
El dolor del abdomen no me dejaba estar en paz, así que tomé de la mesa una botella de ginebra y me tiré en el piso, apoyado contra la pared.
La sangre brotaba a raudales de las heridas.
Intenté tirarme ginebra y buscar la bala con los dedos, pero no la alcanzaba.
Prendí un cigarrillo y me sumí en un pesado sopor.
Mientras tanto, escuchaba ruidos y gritos, pero el cansancio me dominaba.
Desperté esposado a una cama de hospital, lleno de vendajes. Miré a mi alrededor y vi dos oficiales de guardia.
-Mirá, se despertó el hijo de puta.
-Va a estar en la sombra de por vida.
Yo los escuchaba como rumores lejanos. Nada me importaba: había probado la sangre y eso valía cualquier precio.
A la media hora les pregunté:
-¿Pueden convidarme un cigarrillo?
- ¡No se puede fumar acá! Mataste a cuatro militares, asesino.
Me gustaba esa palabra: algo había aprendido de mi adiestramiento. Observé a los oficiales, quienes me miraron con desprecio.
Me dolía el abdomen. Pedí más morfina a la enfermera y me quedé dormido.


6/11/2014
21:42

Clase de literatura Iberoamericana.

martes, 4 de noviembre de 2014

¿Pastillas o atún?

Termino de hablar con una mina. Como era de esperar, la chica me rebota. Caigo en la desesperación: no sé si bajarme el frasco de pastillas entero o si ir a comprar atún al chino. Camus decía que el suicidio es el único tema verdaderamente filosófico. ¡Maldito Camus, siempre tiene razón! ¿Qué es la vida? ¿un frenesí? No. La vida es un eterno errar por los mismos senderos. Tal vez algún libro, algún beso, algún poema te saquen de la amargura, pero son solo estrellas distantes. Sin embargo, no hay remedio; así que agarro la campera y me voy al chino a comprar una lata de atún.

jueves, 30 de octubre de 2014

Fracasa Mejor (o suerte de carta a Samuel Beckett)

Samuel Beckett decía:
“Has fracasado. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor.”

Lo he intentado, Beckett,
De verdad lo he hecho
Pero es como el mito de Sísifo 
La piedra siempre vuelve a caer

Soy como un boxeador
Que pierde por puntos.

Y mientras acumulo,
Derrota tras derrota,
Me voy volviendo triste,
Triste y viejo.

El tiempo no sana las heridas,
Les echa sal

Cuando vuelvo a mi cuarto
Encuentro esas sábanas frías
Que son un llamado al olvido
Y al recuerdo:
Recuerdo de cuando los días no eran de plomo;
Recuerdos de felicidades
Que, ahora, parecen ajenas.

Fracaso todo el tiempo, Beckett:
Fracaso en mi escritura,
Fracaso en mis tareas,
Fracaso en mis adioses.

Creo que soy un experto en fracasar.
Debería tener un doctorado, incluso.

Sigo mi camino,
Peldaño tras peldaño,
Error tras error.
Fatigando las calles,
Robando versos,
Perdiendo amores,
Alejando distancias.

En el final de la noche
Encuentro una nota que dice:
“Has fracasado. Fracasa otra vez.
Fracasa mejor”

25/X/2014

3:07 A.M.

sábado, 4 de octubre de 2014

Vendrá la Sombra (pequeño poema en prosa)

Vendrá la Sombra en esta tarde de lluvia. Bajará del Cielo cabalgando un relámpago. Vendrá esta tarde, me lo dijo el pájaro del olvido. Traerá su vestido negro de gala. No le importa el clima, ni los minutos, ni las horas. Ella, que a todos espera y a nadie aguarda. Vendrá, lo sé bien: me lo contó la primera gota de esta Tempestad. Se llevará consigo todo el tráfago de una vida errante. Me quitará la pena, me dejará el vacío.
Ya se encuentra en el portón. Me exhorta para que lo traspase con ella: cruzar el umbral, salvar el Aqueronte para llegar al Erebo o los Campos Elíseos.

Vendrá con su rostro de amor perdido. Vendrá, y de mi solo quedará una piedra sin nombre en la cima del Gólgota.

martes, 23 de septiembre de 2014

La luna se vuelve eléctrica

Todo comenzó siendo una broma: un mentirse a uno mismo y, de paso, metirle a los demás. Era el mes de julio y yo había cortado con mi novia de toda la vida, por lo que decidí clausurar mi perfil: Facundo Astrada. Básicamente, no quería que nadie me hablase, necesitaba estar solo: fumarme un Malboro box entero y pensar, o no pensar. Lo de no pensar es raro, porque cada vez que pensaba en Agustina me llenaba de pesadez, y terminaba imaginando jugadas de lujo para ensayar en los picados de los miércoles; hasta que, finalmente, terminaba boca arriba con la mente en blanco y la colilla del cigarrillo quemándome los labios, en un beso doloroso, pero dulce
Dije que todo comenzó como una broma, y lo repito aun. Como no quería alejarme de todo el mundo, me armé un perfil falso: Maximiliano Molina. M y M.: como los chocolates o como algún superhéroe de Marvel.
Comencé a agregar gente al azar, buscando chicas que estuvieran buenas, y también sumé a mis amigos de antes y a la gente del laburo. No podía estar tan lejos de su vida: tenía que seguirlos de alguna forma que me integrara, aunque solo fuese como simple espía.
También agregué a Agustina y, con desprecio, descubrí como le gustaban los chongos trabados (mi foto de perfil se la robé a uno de esos pelotudos de siete días a la semana en el gimnasio).
Cada vez me gustaba más el nombre Maxi. Casi me lo repetía a mi mismo: Maximiliano, Maxi, Máximo. Incluso un día me sorprendí al darme vuelta cuando escuché que alguien gritaba “Maxi!” en la calle. Juro que pensé que ese grito era para mí.
Después llegó la turbia. Una noche Rafa me llamó y me dijo que tenía 5 lunas en la casa, y que se las tenía que sacar de encima porque la vieja estaba en inspectora y amenazaba con mandarlo de vuelta a la granja. Rafa era mi ahijado de confirmación. Yo quería darle una mano y recurrí a mi doble Maxi para eso.
El primer trabajo fue fácil. Se las vendí a un viejo conocido de la primaria. ¡Cómo había cambiado el hijo de puta! Pensar que en la escuela era el nene de mamá y ahora consumía lunas. Ese primer contacto me trajo más y más clientes. Yo seguía pidiéndole lunas a Rafa, que, por suerte, había logrado zafar un poco de la vigilancia de su vieja. Rafa se las compraba al por menor a un dealer de Constitución.
Lo que había comenzado siendo una broma terminó siendo un negocio, o al menos, un pequeño negocio. Trabajábamos lote por lote: primero fueron de a cinco, después de a diez, incluso llegamos a vender hasta veinte lunas de un saque. Pero una tarde Rafa cayó: lo agarraron manejando borracho con todo un lote de lunas para vender. Lo detuvieron, revisaron el auto y sonó. Por suerte, como todavía tenía diecisiete no lo metieron preso, pero llamaron a la madre, que a los dos días, ya lo había devuelto a la granja.
Todo era una broma, debería haber parado ahí, advertido el aviso, pero seguía manija, y decidí mandarme por mi cuenta. Como mis viejos se habían vuelto para el Uruguay no tenía madre ni padre que me amenazaran con mandarme a la granja a mí también.
Revisé el perfil de Rafa y encontré al dealer. Era un tipo con pelo que parecía un gato muerto y unos bigotes a lo Dalí. Le decían el turco y vivía en la calle Salta en Constitución. Digo que vivía en la calle literalmente; una reposera y una camisa abierta que desplegaba una abundante barriga de cerveza; tomando sol de diez de la mañana a siete de la tarde, con un perro de lanas siempre a su lado. A las siete se guardaba el turco y laburaba desde su casa, con la camisa por fin abotonada.
¿Cómo te llamás, pibe? –me preguntó la primera vez que nos vimos cara a cara.
Respondí por instinto
-Maxi.
- Bueno Maxi, nosotros dos vamos a hacer grandes negocios juntos.
Recuerdo que lo saludé chocándole la mano y salí a pique entre entusiasmado y temeroso.
Eso fue un miércoles. A la noche tenía partido con mis, ahora, ex compañeros de laburo, porque por esos días había renunciado: no podía hacer los dos trabajos al mismo tiempo. Era una cosa o la otra. Todo junto no se puede, como dice el refrán.
Vino el partido y en una jugada un flaco nuevo me tiró “rojo, rojo jugá a la derecha”.. “ qué rojo ni qué carajo –pensé- Yo soy Maxi”.
El pibe venía a  jugar todos los miércoles con una remera del Barça. Y yo llevaba siempre mi nueva casaca del Manchester United. Me caía mal y por eso le pedí a Marce, que era el que organizaba los partidos, que nunca más me pusiera en el mismo equipo con el del Barça. Quería tenerlo como contrincante solamente.
Recuerdo un día en que hice una jugada gloriosa. Recibí desde mi derecha, la pisé, me salió el del Barça a marcar: amaggué a salirle para un lado y se la pisé para el otro: la pelota pasó entre las piernas. Quedé mano a mano con el arquero, y se la piqué. Nunca metí un gol tan lindo.
Todo era una broma, y como un juego. El negocio se volvía fácil: “todo liso” como dicen los pibes de la calle. Nos juntábamos con el turco una vez por semana y programábamos las ventas. Yo me encargaba de repartir los pedidos chicos. Contactaba a los compradores desde mi perfil, arreglaba un lugar de encuentro: el obelisco, el correo central, Corrientes y Callao, y no juntábamos. Les daba las lunas, ellos me pagaban, los sábados me reunía con el turco y me quedaba con el veinte porciento. No podía pedir más.
El turco resultó ser un buen tipo. Le gustaba su música, su moto, su bigote, el sol y su perro. En realidad, el Turco tenía un título de arquitecto, pero la crisis del 2001 lo dejó sin trabajo y tuvo que manejar un taxi. Pero duró poco en el puesto, odiaba tener que rendir cuentas, y sobre todo, me dijo, que le daba por las pelotas no poder fumar en el taxi. Siempre había alguna viaja o un joven de vida saludable que le pedían que apagara el pucho, y el Turco vivía fumando. Así que un día se hartó: le cantó las cuarenta al dueño del tacho y renunció sin más. Como le gustaba la guita fácil, se metió en el negocio de las lunas, en el cual llevaba empleado más de trece años de vida, los mejores que tuvo, según sus palabras.
Cada vez nos volvíamos más cercanos y a veces charlábamos de otras cosas que no fueran el laburo. Incluso un día hablamos sobre la muerte y todo. Me preguntó cómo quería que me recordasen cuando me fuese de este mundo.
-Quiero que en mi entierro haya una pantalla gigante mostrando mis mejores jugadas en un loop interminable.
- Ja, ja, ja. Qué gustos extraños tenés. Yo en mi funeral quiero que me entierren con mi harley, con los redondos a todo lo que da, con vino tinto y putas alrededor – me contestó-. El fútbol se lo dejo para la gilada. River , Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo: todo la misma mierda. No puedo entender como eso te hace feliz.
- Seremos distinto –respondí.
- No tan distintos. Los dos vendemos lunas
-Es cierto.
-A propósito tenés un nuevo encargo para la semana que viene: una minita cheta quiere comprar cinco lunas para la Creamfields.
-Es una boludez.
-Sí, a mí tampoco me gusta la música electrónica.
- No, no hablo sobre la Creamfields, que es otra forrada. Digo que venderle cinco lunas a una chetita no tiene muchas complicaciones.
-Obvio que no. Pero Pardo me dijo que la muchacha en cuestión está bien buena, y te la dejé a vos a propósito.
- Ja, ja, ja. Gracias. Después te cuento.
Entonces sonó el portero eléctrico del primero B. Era la mina del turco, yo sabía que cuando ella llegaba me tenía que tomar el pique.
-         Bueno, ya va a ser hora que nos despidamos, tratame bien a la chetita –me dijo.
-         Olvidate. Contalo como resuelto
-Chau Maxi.
-Chau turco, nos vemos.
La verdad es que no había estado con muchas mujeres en esos tres meses desde que corté con Agustina. Sí, me había volteado a un par de minas de boliche, pero eran conquistas de una noche y nada más. Algunas me llamaban después, y era un dolor de cabeza sacármelas de encima. Tenía una fija, Celina se llamaba. Sabía que la podía llamar y garchábamos de una, sin preparativos, sin velas, ni canciones de amor: solo nos tomábamos una luna y cogíamos. Simple: otra broma, otro juego más para la cuenta. Había descubierto el placer de no tomarme las cosas en serio, y no pensaba dejarlo tan fácil.
La entrega era un jueves. Recuerdo que el miércoles anterior había jugado horrible. No pegaba una, estaba clavado como un poste en la cancha, hasta el de Barça me había tirado un par de amagues y me los comí todos. Algo me tenía preocupado, pero no podía ser el trabajo del jueves; o por ahí sí. No sé, siempre me gustaron las chetitas: tan mezquinas, tan lejanas, tan lindas. No eran como con Celina, que era una rollinga con más calle que un tachero. Agustina también era cheta. Familia Bien: Agustina Ayersa. Todavía me acuerdo a los paquetes de los hermanos cada vez que iba a comer a la casa. Siempre mirándome las uñas buscando suciedad. Siempre preguntándome por qué no había seguido con la facultad. Y el padre: ¡la peor basura! Me miraba de abajo a arriba como para encontrar algo mal, y eso que yo siempre me vestía de diez para ir a comer a lo de Agustina. Bueno, mejor olvidar.
El jueves fui al Alto Palermo donde me tenía que encontrar con la chetita. Caigo ahí y me cruzo con Agustina.
-¡Hola Facu! ¿Cómo andás? Tanto tiempo…
- ¡Agus! Estás igual.
-Obvio, pasaron tres meses nomás desde la última vez que nos vimos.
Vacilé, no sabía que responder, y salí con un patético: “-Sí, es cierto”.
-Qué hacés por acá? Nunca te gustó el Alto Palermo.
- Tengo que juntarme con una mina.
-¿Ya me conseguiste reemplazante? ¿Tan rápido?
-No, no. Ja, ja. Tengo que entregar unas cosas que vendí por mercadolibre.
-¿Y como se llama la chica?
-Clara.
Súbitamente, Agustina se puso pálida.
-¿Qué te pasa? –Pregunté- ¿Estás Bien?
- Sí, es raro. Yo me tenía que encontrar también con un chico.
-¿Cómo se llama?
-Maxi.
-Yo soy Maxi.
-Ahh, entonces vos…
- Sí… la Creamfields. Son 500 pesos.
- No lo puedo creer.
-Yo tampoco, pero mejor terminemos esto rápido.
-Bueno pará que busco en la cartera.
Me quedé congelado. ¡Agustina comprando lunas!. ¡Increíble! Estaba entre la tristeza, el desencanto y la soberbia de ver a alguien caer tan bajo. Al ras del suelo, a mi nivel. Casi me compadezco de la pobre, y no le iba a vender las lunas, pero recordé que el turco me iba a matar si no se las pagaba. (Ella seguía revolviendo la cartera).
-Acá tenés. 500 justos.
-Bueno. Suerte Agus, qué las disfrutes.
- Suerte Facu. Nos hablamos.
-Dale, nos hablamos. (hubiera pegado un portazo, pero no había puerta).
Me puse la capucha y me metí en la boca del subte.
De vuelta en casa repasé toda la secuencia: Agustina comprando lunas para la Creamfields y yo, precisamente yo, vendiéndoselas. Me sentí una basura, pero después pensé mejor. Al fin de cuenta era ella la que había comprado, yo solo le había vendido. Rara vez consumo lunas (normalmente solo con Celina), pero sé que son una porquería. Bueno, allá ella si se quería poner loca en una noche de descontrol con algún flaco trabado. Yo estaba bien. Traté de pensar en otra cosa. Me acosté con el cigarro en la cama flasheando jugadas. Antes de que se consumiera lo apagué en el cenicero y me quedé dormido.
Las ventas para la Creamfields fueron sensacionales. Vendimos como mil lunas entre el turco, Walter, Joaquín, Pardo y yo. Pasaron un par de meses y todo seguía tranquilo, el negocio marchaba viento en popa, las lunas se vendían solas, veía a Celina de vez en vez, y todo seguía pareciendo una broma, algo con lo que llenar el tiempo.
Pero vinieron tiempos difíciles: llegado el otoño cayó uno banda de paraguayos que también vendían lunas en Constitución. Las cosas se pusieron ásperas: los paraguayos querían dividir el territorio, pero el turco no quería saber nada de dividir un carajo. Hubo un par de amenazas, y, sin embargo, el turco decidió no darle bolilla y seguir vendiendo como en los viejos tiempos, pero nunca se dio cuenta que todo cambia y que ya las cosas no eran iguales a como las dejamos en la primavera anterior. Fue su error y su sentencia.
Una tarde me llamó al celular y me dijo que me necesitaba para un laburo: Pardo había desaparecido y necesitaba un hombre de campo más para ir a comprarle lunas a un nuevo proveedor.
Como no podía decir que no, me presenté en Carlos Calvo y Tacuarí. El nuevo proveedor trabajaba desde un conventillo en San Telmo. Llevamos la camioneta. El turco entró con  Walter al conventillo y yo esperaba en el asiento del acompañante. Joaquín manejaba.
Algo raro pasaba, el turco se tardaba mucho en salir del conventillo. Entonces sucedió lo peor: llegaron cinco flacos con pasamontañas, chumbos y facas. Joaquín quiso salir rajando con el auto, pero recibió un tiro en el pecho y cayó sobre el volante. Yo me bajé de la camioneta, al tiempo que el jefe de los paraguayos salía del conventillo pateando el cadáver del turco. Era una trampa y nosotros caímos como los mejores pelotudos del mundo. Yo rajé, pero, de repente sentí,  un relámpago de acero que me atravesaba el abdomen. Caí en medio de la calle. Uno de los encapuchados me iba a liquidar con su revolver, pero se bajó el pasamontañas y mostró su cara.!Era Pardo!. ¡Nos había traicionado el hijo de mil puta, y ni siquiera tenía valor para liquidarme del todo! Entre tanto, llegó la yuta y salieron todos corriendo.
Ahora siento un frío increíble. Pienso en Agustina, pienso en las lunas, pienso en Rafa, en el turco, en Maxi (que se va yendo de a poco, dejándole el lugar a Facundo), pienso en Pardo también; pero todo se vuelve borroso. Alcanzo a escuchar una sirena más. Alguien me levanta y me suben a un vehículo. Me ponen una máscara. Apenas puedo respirar, pero, de repente, todo se aclara: recibo desde mi derecha, la piso, me sale el del Barça a marcar: amago a salirle para un lado y se la piso para el otro: la pelota pasa entre las piernas. Quedo mano a mano con el arquero, se la pico y la pelota entra al arco pidiendo permiso.

Martes 23 de Septiembre 3:21 AM


domingo, 21 de septiembre de 2014

Esa voz

La noche del 27 de Noviembre llegó pesada. Hacía más de 40 grados en la calle y, por eso, decidimos encerrarnos en mi pieza con el aire acondicionado a todo trapo. Se estaba bien en el cuarto: 40 grados en el exterior, 19 en el interior. ¿Qué más se podía pedir? Además, la cerveza estaba fría y teníamos hielo para el Campari.
Empezamos la charla: fútbol.
-¿Así que un día sos campeón de América y a los dos días perdés con Racing? Ja,ja, ja.
- ¡Callate vos gallina que te fuiste a la B!
-Vos también te fuiste, gil. -Dijo mati, y tiró una patada a la heladerita.
-Sí, pero yo no había nacido cuando el cuervo se fue a la B. No tuve que verlo en vivo como vos.
-Basta, salames, el verdadero hincha, es hincha de boca.
-Llená la cancha y después hablamos.
-Bueno, déjense de joder muchachos –dijo julio- el fútbol, saben ustedes, que a mí no me gusta
-¿Qué es esta mariconeada? .
-Dejá eso ahí, ¿querés?
-¡Ah, es un muñequito! Es nuevo –dijo Nacho examinándolo bien- Caballero del zodíaco. ¿Cuál era este?
- Shriryu, el dragón.
-Ah, ahora sí me acuerdo. Los caballeros… cuanto tiempo. ¿no estás grande para jugar con muñequitos?
-Primero no es un muñequito: es una figura de acción que me salio como una luca y media. Y segundo: vos hacés cosas más patéticas que tener un caballero del zodíaco.
-¿Ah sí? ¿Cómo qué?
-Como mear sentado.
Todos rieron al unísono.
-Eso fue un malentendido.
-¿Dónde fue aquello? ¿ en las vacaciones en el sur?
-Sí, esas místicas vacaciones.
-Sorete, no meo sentado.
-Mejor cambiemos de tema.
- Bueno, tenés razón, che. Hablemos de minas .
- Vos querés hablar de minas porque estás a full con Laurita.
-Ya me harté de Laura. Vos Guido cerrá la puerta que se va el aire y nos cagamos de calor.
- Pero si está cerrada.
-Ah, flasheé.
-Te poné nervioso hablar de Laurita.
-Para nada. Lo manejo perfectamente.
-Pero explicame: ¿cómo te vas a hartar de esa mina, si está re buena?
-Sí, pero es una loca. El otro día  me llamó a los tres de la mañana diciéndome que yo no la amaba y un montón de boludecez más. Dos horas estuve haciéndole el verso hasta que se quedó tranquilita.
-¿Pero sospecha lo de Sol?
- No, no tiene idea la pobre.
-Te repito: sos un sorete.
- Lo sé, pero salí campeón de la Libertadores, viste. Y ahora juego contra el Real Madrid.
-Sabés cómo los van a pasear en ese partido…
- ¡No Vuelvan a hablar de fútbol, por favor!
-Bueno: les cuento. El otro día fui a bailar al boliche nuevo ese…Pink o algo así.
-¿Y? ¿Qué tal estuvo?
-Muy bueno, yo fui dos veces, tres veces. Lo bueno es que es farandurelo high.
-¿Qué carajo significa farandulero high? Ja,ja,ja.
-Significa que esta lleno de gatos famosos. El otro día estaban las bailarinas de Tinelli.
-¿Pero cómo es el boliche?
-Tiene minas lindas. Te encontrás de todo.
- ¡Qué bueno! Yo ya estoy cansado de salir a bailar Voy a un boliche y me encuentro pendejitas de la edad de mi hermana.
-¡Qué buena está tu hermana!
- ¡Decilo otra vez y te cago a piñas!
-  !Dejensé de joder! A mi me está pasando que me está gustando mucho la noche del Sábado, la del Viernes, bajó.

Y entoncees sonó mi celular

-“Pablo, soy yo. ¡Sos un hijo de puta!. Me enteré que te encamaste con Sol. ¿Cómo tenés cara? ¡Sos lo peor que me pasó en la vida!”
-Pero cómo…Laura
-¿Cómo? Cómo un carajo. ¡Matate Pablo!


Laura cortó el teléfono al tiempo que Nacho preguntaba con sorna: -¿Y? ¿Cómo te fue con tu minita?

jueves, 18 de septiembre de 2014

Colectivo

Con la derrota en los labios
se te olvidan las palabras.
Una verdad bien conocida:
los mejores versos nunca llegan al papel

Y mientras intentás reencontrar
esa estrofa dorada,
mirás las caras que te rodean.
Son las 3 de la mañana
y las almas no habitan los cuerpos que viajan
en el colectivo.

Son perfiles huecos,
rostros sin mañana.

Pasás las calles:
fracasando versos,
recordando el mismo viaje, años atrás,
cuando la dicha todavía
sonreía a tu bandera

Ahora todo es oscuro.
Has aprendido, has estudiado.
Pero estudiar es aprender a estar triste
con mejores palabras.

No sos el mismo que ayer,
pero, probablemente, seas mejor que mañana.

Con nostalgia, te preguntás qué queda para vos
en el final de la noche:
un cigarrillo, unas cenizas, unas sábanas.

Todo se reduce, a fin de cuentas,
a una naumaquia sin buques,
a un suspiro helado,
a un sabor amargo en la boca,
a una derrota en los labios.


martes, 11 de marzo de 2014

Topos

Topos

Apretó junto a su pecho el cúmulo de papeles amarillos con membrete como si de eso dependiese su vida. Estaba perdido, y solo sabía que se encontraba en el ala izquierda del edificio.
A lo lejos, se derretía el corredor sobre un manto de lavandina con perfume de limón, en una tarde de 40º grados.
Tenía miedo, se imaginaba que su camisa era un trapo de piso de tanto sudor acumulado y  se enjugaba la frente todo el tiempo.
De repente, vio escapar a un topo por un túnel a su derecha, y se extrañó por completo cuando vislumbró la misma figura caminando desde el fondo del pasillo de los limones. A los pocos minutos sucedió lo mismo: un topo desaparecía por un túnel y reaparecía por cualquier parte del edificio.
Ahora estaba más angustiado que antes: todo ese ir y venir de topos y túneles lo desbarataban. Después de mucho tiempo de espera se percató de que había otros como él: otros hombres que esperaban sentados, o a pie, con los mismos papeles amarillos con membrete.
Súbitamente, un topo raptó a su compañero de la derecha, el cual no volvió a aparecer jamás. Corridas las horas, sucedió lo mismo con el hombre de su izquierda.

Se preguntó, al borde del delirio, cuándo se lo llevarían a él; pero los minutos pasaban y nada sucedía hasta que escuchó decir por un altavoz: Gutiérrez, Jorge, tomografía computada, sala 22.

lunes, 20 de enero de 2014

Navío Astrado

Navío Astrado


Una antigua rémora me detiene.

Como un navío astrado
espero la Tormenta.

Es el viento que precede la borrasca…
Pronto llegará, es cuestión de tiempo.

Pero sé que cuando alcance mi alma
arrancará todo pensamiento,
todo amor alunado, todo viejo pesar.

Tal vez me vuelva loco,
dentro de estas cuatro paredes.
Tal vez encuentre la luz,
al final de la Tempestad.

¿Quién sabe?
A veces los mayores desastres son las alegrías
que regocijan.

De todos modos esperaré,
en este páramo del mar, con las velas en derrota.

Y el final, o el principio,
me alcanzarán

En estas cuatro paredes…

En este páramo del mar…

11/1/2014

19:47