Santino durmió todas las noches junto a su madre desde que
nació. Como era un bebé que se angustiaba mucho, sus padres lo llevaban a
dormir con ellos. Jamás usó la cuna.
Cuando tenía 4 años, y comenzó el jardín de infantes, le
compraron una cama para que durmiera solo en su cuarto azul. Santino era muy
mal alumno, a decir verdad, era medio retrasado, incluso, había diagnósticos médicos que señalaban problemas
en el desarrollo cerebral.
Esto se debía a que, una vez, Santino, cuando era bebé, se
atragantó con una moneda de 50 centavos. Estuvo más de media hora sin oxígeno,
entre que su padre lo creyó muerto junto al
camión de bomberos de juguete, hasta que lo intubaron en el hospital
Garaham.
Se salvó de la Parca, pero su cerebro quedó dañado para
siempre: apenas pudo terminar el jardín de infantes y, de primero a séptimo,
repitió de grado unas 15 veces, hasta que lo mandaron a una escuela para chicos
especiales y pudo terminar la primaria.
A Santino le costaba
hablar, se expresaba con erre francesa y con la te en vez de la de. A esto se
le sumaba una caída de la baba constante.
Los padres de Santino no podían tener relaciones sexuales
porque su hijo dormía con ellos. Santino era el único problema, ellos se
deseaban ardorosamente. Por otra parte, del lado de su hermana mayor, Isabel, y
de su hermano menor, Julio, no había complicaciones, ya que dormían cada uno en
su cuarto solos. Santino era el único escollo. No quería dejar la teta de su
madre hasta los 7 años, cuando su madre se quedó sin leche. De allí en más
siguió tomando mamadera hasta los 15. Amaba la leche.
César, el padre de Santino, se separó de María, su madre
porque necesitaba dar expansión a su libido, factor que era impedido por la
relación entre madre e hijo, porque María también era complice de esa simbiosis.
César se fue a Roma en 2010,
tres días antes de que Santino cumpliera los 16 años. María quedó
destrozada. Allí armó una nueva familia, que con el tiempo llegaría a fracasar
como tantas segundas familias. Mandaba una postal por mes y 3 mil pesos en
efectivo por giro postal. Ese fue el padre de Santino.
A los 13 años Santino descubrió la sexualidad. Se masturbaba
durante horas y horas. Llegaba a hacerse 10 pajas por día, todos los días; sin
revistas, videos, ni nada que se le pareciera: su único objeto de deseo era su
madre.
Disfrutaba de ver a su madre en camisón o bombacha a la
noche cuando dormían juntos. Una vez, a los 15 su padre lo descubrió tocándole
un seno a María, y allí fue cuando dijo basta y comenzó a planear su plan de
escape. Le metió una piña en la nariz a Santino y, al día siguiente, empezó a
buscar trabajo for export.
María quedo devastada después de la huida de César, y se
refugió en Santino. Para el retardado esto era como una vuelta al útero
materno.
Cuando Santino cumplió 18 años años, María decidió llevar a
sus hijos a unas vacaciones en una casa de sus abuelos en el lago Gutiérrez,
cerca de Bariloche. A la excursión se
sumó Juno, una ovejera alemána, que la familia había adoptado después de la
huida de César.
Santino amaba a Juno. Corrían horas y horas, pero la
cachorra enfermó gravemente una noche de tormenta, durante una nevada intensa
que se dio ese año. Por las condiciones climáticas, a pesar de ser primavera,
no pudo acercarse ningún veterinario. La perra ya no podía pararse y aullaba
terriblemente, por lo que su abuelo, Daniel, decidió llevarla al establo y
terminar con su sufrimiento.
El abuelo dejó la puerta abierta sin intención, y Santino
vio cómo Daniel le clavaba un cuchillo de monte sobre el corazón. Los ojos de
Santino se encendieron y lanzó un grito de horror.
El tiempo pasó, decidieron no volver a Capital y vender el
departamento de Buenos Aires para disfrutar de la naturaleza y la familia.
Los años pasaron: Isabel no aguantaba el sur y decidió irse
a estudiar a la UBA en capital y se casó joven con un compañero de clases. Su
hermano menor, se transformó en un profesional del snowboard por lo que pasaba
todo el año en Aspen, Andorra o Nueva Zelanda gracias, también, a sus grandes
habilidades con la lengua inglesa.
María cumplió 65 años, Santino al mes llegó a los 29. Ya sus
abuelos habían fallecido, por lo que les quedaba la casa sólo para ellos 2.
María no tenía hermanos, pero seguía recibiendo los 3 mil pesos de César que
ahora vivía en Saint Germain, junto a su cuarta esposa Charllotte.
Pero ese año fue terrible. María empezó a sentirse débil,
hasta que ya no pudo salir de la cama. La internaron, después de muchas idas y
vueltas le encontraron un cáncer terminal en el cerebro.
Madre e hijo se trasladaron a la casa del Lago Gutiérrez
nuevamente. María lloraba de dolor por las noches. Santino no sabía llorar,
pero estaba desesperado. Gritaba.
Una noche, María lo llamó y con su poco aliento le dijo:
-Santino, yo sé que te va a costar, pero tengo que pedirte
un favor muy importante. ¿Te acordás de cómo el abuelo puso fin a al sufrimiento
de Juno? Bueno: vos tenés que hacer lo mismo conmigo. Andá al establo y buscá
el cuchillo del abuelo. Este es mi corazón, debajo de mi seno izquierdo.
Sentilo. Ahí es donde te gustaba tomar leche.
Los Sánchez vivían a 2 kilometros. En el medio de la noche,
a las 4 de la mañana, Santino apareció golpeando la puerta con sus ropas llenas
de sangre.
Leer escuchando "One" de Metallica