martes, 11 de marzo de 2014

Topos

Topos

Apretó junto a su pecho el cúmulo de papeles amarillos con membrete como si de eso dependiese su vida. Estaba perdido, y solo sabía que se encontraba en el ala izquierda del edificio.
A lo lejos, se derretía el corredor sobre un manto de lavandina con perfume de limón, en una tarde de 40º grados.
Tenía miedo, se imaginaba que su camisa era un trapo de piso de tanto sudor acumulado y  se enjugaba la frente todo el tiempo.
De repente, vio escapar a un topo por un túnel a su derecha, y se extrañó por completo cuando vislumbró la misma figura caminando desde el fondo del pasillo de los limones. A los pocos minutos sucedió lo mismo: un topo desaparecía por un túnel y reaparecía por cualquier parte del edificio.
Ahora estaba más angustiado que antes: todo ese ir y venir de topos y túneles lo desbarataban. Después de mucho tiempo de espera se percató de que había otros como él: otros hombres que esperaban sentados, o a pie, con los mismos papeles amarillos con membrete.
Súbitamente, un topo raptó a su compañero de la derecha, el cual no volvió a aparecer jamás. Corridas las horas, sucedió lo mismo con el hombre de su izquierda.

Se preguntó, al borde del delirio, cuándo se lo llevarían a él; pero los minutos pasaban y nada sucedía hasta que escuchó decir por un altavoz: Gutiérrez, Jorge, tomografía computada, sala 22.

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