sábado, 12 de septiembre de 2015

Walk Dog (aguafuerte porteña)

13 de Septiembre de 2015, 12:51 P.M.
Mi equipo perdió el clásico y la punta del campeonato esta tarde: pésimo humor.
Salgo a pasear al perro, sin mis auriculares Neil Amstrong, que rompí hace 3 días (ya van 5 en 2 meses).
Bueno: con el chaleco de kevlar puesto, camino por las calles de Constitución: putas, trabas, merca, conventillos, borrachos, paco, birra, más putas. ¡Lindo panorama! ¡Sí Macri, sí Cristina, Bs AS es París… y la Argentina una gran bola de mierda!
Encima aposté una cerveza Premium con un quemero (todavía quedan lobos esteparios), y voy a tener que pagar, no sé con qué guita.
Fuck off! Drop dead! Quiero parecerme a Allen Ginsberg en Howl y me sale como el orto. ¿Qué se le va a hacer? Es lo que hay. Nunca quise ser Borges.
Así que acá voy, con mis pobres armas.
Tengo un amigo en el barrio: bostero e hincha de San Telmo. Nos cruzamos siempre entre las 12 y la 1. Fuma de prestado. No me jode, a mí también me gusta que me den puchos cuando no tengo.
Me carga con el partido. It’s fair: yo también cargo a los que pierden. EE. UU. , con el mito del self made man, nos enseñó que hay ganadores y loosers, y que solo sirven los ganadores. No importa, ya caerán. Cayó Roma ¿no van a caer ellos también? ¡Águila calva, estrellas y bandas… me importan 3 carajos!
Aunque, pensándolo bien, yo consumo su música y su literatura, así que también soy parte de esta basura.
Todo bien. No soy un decemberista. No voy a cambiar el mundo. Solo quisiera poder salir de esta encantadora ciudad de fuego.  No sé, algún lugar por el que no pasen 30 líneas de colectivo por la ventana de mi dormitorio.
Algún lugar con montañas y nieve estaría bien. ¿Pido tanto, Dios mío? Únicamente quiero leer, hacer el amor y tocar mi guitarra, mientras espero la muerte, dulcemente, fumando un atado de Gitanes. Mi Norte está en el Sur: así de complicado soy. Con razón las minas me dejan.
El perro quiere pelearse con todos los perros del puto barrio. No le importa el pesaje: es un kamikaze. Ahh, pero a la hora de cagar… no tiene que haber nadie en la calle, si no, no hace. Tiene sus pruritos Rocky Balboa.

Justo ahora iba a cagar, pero llegó el borracho del barrio.
Long story short: siempre jode a mi perro, y el animal se lo quiere comer crudo; lo que me obliga a hacer kilómetros de fuerza, después de haber fumado 17 cigarrillos, corrido 30 minutos y estado despierto 18 horas.
Igual, el borrachín ya no jode más, se limita a ladrar. Sí, el borracho le ladra al perro. No es joda.
Dejó de molestarlo una noche que le dije que el perro tenía rabia, y que, si lo volvía a joder, le iba a soltar la correa, y que se iba a cagar muriendo.
Además, le tiré que le iba a sacar la botella de vino y partírsela en la cabeza, para asegurase, viste.
Bueno: se termina el pucho, tiro la colilla en el piso, por supuesto, otra pátina de mugre para mi amado barrio: el gris ratón le sienta bien.
Llego a mi casa, agarro cuaderno y birome. ¡Mierda! ¡Tinta azul! Odio la tinta azul: se escribe con negro o con sangre, no hay otra. Prendo otro pucho y escribo sin mucho plan: toco de oído.

Take it or leave it.

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