jueves, 10 de septiembre de 2015

Atado (poema en prosa)

Todo el mundo conoce los beneficios de no fumar: 90 años de vida, aire para correr el bondi y subir las escaleras del subte, aliento de menta y demaces.
Pero pocos saben de los placeres del fumador: no hay nada mejor que fumar un cigarrillo mirando llover, mientras escuchás una canción gris, aunque dulce.
Empecé a fumar a los 15 años: fue una decisión fatal, de esas que se toman en 3 segundos y marcan tu vida.
Estábamos en una fiesta de 15, de una chica que después fue mi novia y me cagó: pero eso es agua de otro pozo.

La cuestión es que había 2 grupos: los que bailaban jovialmente con la cumpleañera y las otras chicas, y los que se quedaban sentados fumando.
Lamentablemente, me hice socio vitalicio del segundo grupo.

En 15 años de fumador: fumé, dejé, subí, bajé. Probé más de 20 marcas. Creo que fumé todo salvo Virginia Slims. Todo bien, pero no da, son de mina histérica.
Ahora fumo 20 cigarros por día, un atado. La idea es llegar a 5 y plantarse ahí

La verdad es que no quiero tener que respirar con una mochila que tiene adentro un Marshalito de 10 watts, pero tampoco quiero ser un abstemio.

Supongo que todos deberíamos tener un vicio. Nos haría más interesantes.
Desconfío de la gente que no tiene vicios, y de la gente a la que no le gustan los perros. También hay que temer a los amantes de los gatos…pero sigo yéndome por las ramas. No voy a decirte cómo vivir tu vida. No obstante, un último consejo: hay que desconfiar, además, de la gente que no toma, salvo de los alcohólicos recuperados: a esos hay que respetarlos.

Igual: ¡¿Cómo carajo vivir sin fumar un pucho después de hacer el amor? o ¡¿Cómo estar en un recital, cuando la banda toca tu tema preferido, masticando chicle?¡

Mirá: te tiro la posta: un atado trae 20 amigos que te hacen compañía, y te matan un poco a la vez. ¡Todo por 25 p!
Porque ¡¿Quién quiere vivir hasta los 90 años!? No sé. Se lo dejo para los deportistas y  a los héroes de guerra. Yo soy un poeta: no seré un poeta maldito, pero soy un maldito poeta. A fin de cuentas son elecciones.
A pesar de todo, si alguna vez estoy frente a un pelotón de fusilamiento, no voy a cagarme en las patas: voy a pedir un cigarrillo a alguno de mis verdugos y mi sangre cubrirá las cenizas.


10/9/2015

17:29 hr.

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